El haya gigante que se creía deforme [CUENTOS DEL BOSQUE]

Ahora la pobre haya lloraba y se lamentaba desconsoladamente
había tanta vegetación que no había forma de recibir la luz. Los pinos que se
encontraban en una zona más alta y recibían más sol no entendían de que se
quejaba el haya.
- - No sé porqué te lamentas tanto. ¡Todo el mundo
sabe que vosotros las hayas no necesitáis tanta luz como otros árboles! –
contestaba el haya.
- - Vale, pero una cosa es poca luz y otra muy
distinta nada. ¡Si no consigo luz en mis hojas me moriré de hambre!

Al contrario que sus compañeras que estaban muriendo ella
tenía la suerte de vivir muy cerca de un arroyo del que podía beber. Gracias a
la ayuda del agua y a su empeño consiguió que sus ramas empezaran a crecer cada
vez más y más hacia arriba buscando la luz. Se hicieron tan grandes y altas que
llegaron a alcanzar a los pinos que se encontraban más arriba de ella.
Los sorprendidos pinos comentaban indignados:
- - Esta chica no tiene respeto por nada. Nos está
comiendo el terreno, cada vez está más cerca, ¡dentro de poco no nos va dejar
ni aire para respirar!
Pero el haya seguía luchando por buscar la luz,
desarrollando unas grandes y larguísimas ramas que pronto fueron las más
grandes y gigantes del espeso bosque. Los demás árboles y animales del bosque
no estaban acostumbrados al tamaño de esas larguísimas ramas y se reían de
ella: ¡Dónde vas con esas ramas, parecen fideos larguiruchos! ¿No sabes que con
ese tamaño estás expuesta a que el aire y el viento te derriben?, decían entre
risas algunos.
- - ¡No pareces un haya! Las hayas son gruesas y
bellas. Sus ramas se desarrollan en horizontal, no como tú que eres fea y
deforme –decían otros.
La pobre haya callaba y seguía creciendo sin parar pues era
lo único que podía hacer. Llegó un momento que había alcanzado tanta altura que
consiguió llegar a la luz sin problemas, ahora estaba bien alimentada, tenía
agua suficiente para nutrir sus raíces y suficiente luz para alimentar sus
hojas. Entonces decidió que tenía que engordar pues se había hecho muy fina y
ella también temía que un día un fuerte viento la pudiera tumbar. Comió, comió y engordó tanto que todos los compañeros del
bosque estaban tan sorprendidos que no hacían más que comentarlo:
- - ¡Fijaros el tamaño que está alcanzando! –comentaban
algunos con admiración.
- - ¡Está fea y gorda! – decían los más envidiosos.

- - Es espectacular, nunca habíamos visto un haya
así. ¡Mide casi 40 metros de altura!
Los expertos llamaron la atención de toda la gente y pronto
el haya se hizo famosa y con ella también todos los árboles de su alrededor. El
lugar y el haya eran tan especiales que se organizaron conciertos de música
clásica. Aquellos que la habían criticado por su forma rara ahora la admiraban,
pues al final reconocieron la lucha de este gran árbol por su supervivencia.
Fuente: Cuentos de árboles gigantes, Bosques Sin Fronteras.
Para leer más: Historias de árboles, un hueco en el bosque
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