Tope y Cuña

Plumieres de MADERA, el encanto de los objetos tradicionales

Plumieres de MADERA, el encanto de los objetos tradicionales
Redescubre el encanto de las piezas tradicionales, decorativas y prácticas

10 de enero de 2013

El haya gigante que se creía deforme [CUENTOS DEL BOSQUE]


Érase una vez una hermosa y gigante haya que vivía en lo más profundo del bosque en una enorme y oscura hoya de vegetación en la que apenas entraba la luz. Cuando era pequeñita no le había costado conseguir que alguna gota de sol llegara a sus tiernas hojas. Aunque siempre había habido gran cantidad de árboles y vegetación, la presencia de ganado que pasaba de vez en cuando, los pastores que limpiaban el terreno y los aprovechamientos de madera habían evitado la acumulación de árboles, hierbas y arbustos.

Ahora la pobre haya lloraba y se lamentaba desconsoladamente había tanta vegetación que no había forma de recibir la luz. Los pinos que se encontraban en una zona más alta y recibían más sol no entendían de que se quejaba el haya.

-    - No sé porqué te lamentas tanto. ¡Todo el mundo sabe que vosotros las hayas no necesitáis tanta luz como otros árboles! – contestaba el haya.
-      - Vale, pero una cosa es poca luz y otra muy distinta nada. ¡Si no consigo luz en mis hojas me moriré de hambre!

La pobre haya empezó a ver como otros árboles de su misma especie empezaban a morir por falta de luz, y ella que estaba situada en lo más oscuro y profundo del cada vez más espeso bosque pensó que antes de morir algo tendría que hacer.

Al contrario que sus compañeras que estaban muriendo ella tenía la suerte de vivir muy cerca de un arroyo del que podía beber. Gracias a la ayuda del agua y a su empeño consiguió que sus ramas empezaran a crecer cada vez más y más hacia arriba buscando la luz. Se hicieron tan grandes y altas que llegaron a alcanzar a los pinos que se encontraban más arriba de ella.

Los sorprendidos pinos comentaban indignados:
-    - Esta chica no tiene respeto por nada. Nos está comiendo el terreno, cada vez está más cerca, ¡dentro de poco no nos va dejar ni aire para respirar!

Pero el haya seguía luchando por buscar la luz, desarrollando unas grandes y larguísimas ramas que pronto fueron las más grandes y gigantes del espeso bosque. Los demás árboles y animales del bosque no estaban acostumbrados al tamaño de esas larguísimas ramas y se reían de ella: ¡Dónde vas con esas ramas, parecen fideos larguiruchos! ¿No sabes que con ese tamaño estás expuesta a que el aire y el viento te derriben?, decían entre risas algunos.

-    - ¡No pareces un haya! Las hayas son gruesas y bellas. Sus ramas se desarrollan en horizontal, no como tú que eres fea y deforme –decían otros.

La pobre haya callaba y seguía creciendo sin parar pues era lo único que podía hacer. Llegó un momento que había alcanzado tanta altura que consiguió llegar a la luz sin problemas, ahora estaba bien alimentada, tenía agua suficiente para nutrir sus raíces y suficiente luz para alimentar sus hojas. Entonces decidió que tenía que engordar pues se había hecho muy fina y ella también temía que un día un fuerte viento la pudiera tumbar. Comió, comió y engordó tanto que todos los compañeros del bosque estaban tan sorprendidos que no hacían más que comentarlo:
-      - ¡Fijaros el tamaño que está alcanzando! –comentaban algunos con admiración.
-      - ¡Está fea y gorda! – decían los más envidiosos.

Pero el haya no hacía caso de los comentarios y cada vez se hizo más grande y fuerte. Pronto su fama se fue extendiendo por la provincia. Un día un grupo de expertos en árboles, atraídos por la fama del haya, vinieron a conocerla. Los expertos tomaron medidas y quedaron gratamente impresionados por el tamaño del ejemplar: Es uno de los árboles más grandes de toda la comarca y quién sabe si de todo el país –afirmaban con admiración mientras no dejaban de apuntar en su libreta y hacer fotos.

-    - Es espectacular, nunca habíamos visto un haya así. ¡Mide casi 40 metros de altura!

Los expertos llamaron la atención de toda la gente y pronto el haya se hizo famosa y con ella también todos los árboles de su alrededor. El lugar y el haya eran tan especiales que se organizaron conciertos de música clásica. Aquellos que la habían criticado por su forma rara ahora la admiraban, pues al final reconocieron la lucha de este gran árbol por su supervivencia.

Fuente: Cuentos de árboles gigantes, Bosques Sin Fronteras. 

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